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segunda lectura del 2019 de la serie Viernes de Poesía y Bronx

El asunto del cuerpo


Ana Sánchez Acevedo, Rocío del Águila Gracey 

Laura Andrea Garzón, Pablo Yankelevich

Este viernes 10 de mayo invitamos a cuatro cuerpos que han sabido explorase a través del lenguaje a compartir sus textos y reflexiones. La relación entre el cuerpo -materia elástica, ambigua, inacabada- y la escritura; sus formas de decirse, de bloquearse, de extenderse, de abrirse; qué se revuelve, qué se cuece, qué se instala, qué contactos, qué sensaciones, qué producciones permite esta conjugación de formas, experimentos, carnes, órganos, fluidos, movimientos, inercias, experiencias, percepciones.


Sobre los cuerpos

Ana Sánchez Acevedo (Elche, 1983) es un cuerpo de casi 36 años y casi sesenta kilos de peso. Tiene los huesos grandes y la carne torpe. Un cuello que tiende a contracturarse del lado izquierdo. Estómago robusto. Pie supinador.

Rocío del Águila Gracey (Lima, 1988). Asidua disidente de agrupaciones literarias y del deseo patriarcal. Descubrió el goce y la rebeldía por medio del feminismo. Desgaja su propio cuerpo e identidad en los libros “La falsa piel que me habita” (Hipocampo Editores 2013) e “Infinito” (Hipocampo Editores 2015).

Laura Andrea Garzón (Bogotá, 1992). Ocupa un cuerpo que se ocupa de su gato, Benito. El gato se distiende y el cuerpo de Laura se contrae ante la demanda de espacio del animal regente. Ha aprendido a dar forma cóncava al vientre, arquear la espalda, curvar las rodillas, extender luego las piernas: todo para dar lugar al gato en medio de su cuerpo, para adaptar su forma a la del gato. En últimas, deviene Benito y Benito lo sabe, lo siente cuando salta en medio del yoga, aprobando una naciente hermandad felina con Laura en cada postura (en especial la que lleva su nombre). Luego, demanda contacto y Laura se ocupa: sus dedos le acarician detrás de las orejas, debajo del mentón y en la panza. Benito responde en ronroneo, esta vez es él el que se adapta al espacio sobre el pecho de Laura. Ambos, en comunión, se tornan (siempre en esos abrazos que ocurren a la vista de nadie cuerpos cestes en un lugar sin límites.

Pablo Yankelevich, limito mis movimientos: los concentro sin ofrecerlos en mi cuerpo; pero se mueve, no se termina, está haciéndose, como si otros cuerpos ocupasen y se moviesen por abajo. Pierdo sobre mis cuerpos. Las partes exigen: atención, tal vez autonomía; tal vez hayan recuperado o creado capas de conciencias; tal vez los intestinos, el colon y el recto irriguen el ano y se rehúsen a eso que acostumbran.